Me tiré en la reposera al lado de la ventana y miré las estrellas, estaba linda la noche, corría una leve brisa que me daba justo en la cara haciendo que el calor de las magulladuras cese por un momento. Todo parecía demasiado pacífico, me estaba tomando el licuado en cuero disfrutando de una noche linda y entonces, cuando el tema del demonio y esas cosas bajaron un poco la marea y el disco llegó a “We won´t get fooled again” y su introducción de sintetizadores ella apareció en mi mente como si saliera de entre las aguas de un mar estruendoso y se levantara de cuerpo entero para mirarme directo a los ojos. Ella, claro, ella otra vez. Ella es una mujer que habita en mi cabeza, a veces pienso si es real o si yo me la inventé de mis propios anhelos. Empezando por su sonrisa y sus labios, su mirada colorida y el destello del momento en el que cambia a risa y de risa a carcajada. Sus ojos del color del cielo con el punto justo de una llamarada interna que se puede sentir a un metro de distancia. Su energía, sus manos tímidas y pequeñas, lo cuidado de sus uñas y cómo la ayudan con su pelo. Me encanta verla cómo trata con la gente, con otra gente que no sea yo.
Trabaja en mi misma revista y se ocupa de la parte de las novedades literarias y saca fotos de fechas, es una mezcla rara entre nerd de biblioteca y PJ Harvey con esas gafas que usa (y que no hacen más que amplificar esos ojos azules tan hermosos) y sus cardigans gastados sobre remeras de Sonic Youth o Led Zeppelin. Los jeans gastados por el paso del tiempo y las zapas-botas-chatas que usa para ir a trabajar.
Las miradas de la mañana y los momentos compartidos. El tarado del novio y el tarado del jefe que no paran de no verla, de no verla como la veo yo, de saber todo lo hermosa que es y decírselo todo el tiempo con besos, con caricias, con miradas y sonrisas. El tipo con el que sale, el novio, es un flor de forro que no hace más que bardearla por teléfono y por mail y cara a cara. Hay veces que me cuenta cosas que solo hace que me agarre más bronca de la que ya les tengo. Ella me lo cuenta como si fuese natural, como si a todo el mundo le pasara, como si lo lógico fuera que la maltrate, pero yo sé que no es así, que no debería ser así, que yo podría hacerlo distinto para ella...
Pum! Golpe en la puerta. La puta madre.

?!?...
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